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DON EUMENIO Y SUS JUGUETES
Mi abuelo materno al que no tuve la suerte de conocer, Don Eumenio Fernández Alonso, fué un bañezano ilustre, ilustrado y según me cuentan merecedor de los más altos respetos. Las contadas veces que visité La Bañeza hasta los años sesenta si quería hacerme conocer de referencia sólo tenía que decir que era nieto de Don Eumenio. Poseía una juguetería en Perez Crespo que como toda entidad comercial entonces como ahora necesitaba de publicidad. En los años 30 en La Bañeza, como en el resto de España, se estaba muy lejos ni siquiera de poder sospechar eso de la sociedad de la información a manos de la informática. No había más remedio que ayudarse del poder desnudo -y eficaz- de la palabra impresa y por ahí tiró mi abuelo. Poco antes de Navidades de uno de esos años -30- publicó la siguiente proclama en el diario local de La Bañeza, El Adelanto Bañezano que tiene edición virtual desde hace dos años
José R. Perdigón, Enero de 2011.

FERRETERIA, QUINCAYA Y PAQUETERIA
de
EUMENIO FERNANDEZ ALONSO
Perez Crespo, 5 - La Bañeza


PROCLAMA

         Prosiguiendo la costumbre de los años anteriores
        daré cuenta a mis queridos y eminentes compradores
        del surtido de juguetes que hace poco recibí
        con objeto de que tengan los chiquillos estos dias
        los obsequios esperados, y los tios y las tias,
        y los padres y las madres me los compren sólo a mí.

        Son bonitos, son baratos, duradores, ingeniosos,
        irrompibles, admirables, pistonudos, caprichosos
        y además entretenidos, y excelentes además.
        Hay pelotas, aeroplanos, bolas, monos, micos,
        nacimientos, escopetas, automóviles, borricos
        y otra grande y escogida multitud de cosas más.

        A vosotros me dirijo: Don Gaspar el secretario,
        don Emilio el confitero, don Gonzalo el boticario,
        don Manuel el comerciante, don Faustino el labrador.
        A vosotros cuyas casas alborotan los chiquillos,
        a vosotros que de duros os rebosan los bolsillos,
        a vosotros ciudadanos opulentos de vigor.

        Y a vosotros que de padres no gozáais de los encantos;
        a vosotros don Antúnez, don Abastas y don Santos,
        (éste es Pepe) porque dice cierto adagio que sabéis
        que a quien Dios no le da hijos, da sobrinos el demonio’
        y además, mientras susbsista bien atado el matrimonio,
        nadie sabe si mañana u otro dia los tendréis.

        Y a vosostros cachazudos y egoistas solterones,
        de las crestas encendidas, de los duros espolones,
        don Felipe, don Modesto, don Jesús, don Valentín
        y dos Carlos. A vostros me dirijo en este instante
        como padre, como tío, como Eumenio y com… erciante
        suplicando al mismo diablo que os regale un chiquitín.

        Y a vosotras doña… Bueno; dejaremos las señoras
        concretándonos corteses a llamarlas seductoras
        y a decir que es lo más bueno de este mundo la mujer,
        porque son tan susceptibles, tan tremendas y tan raras,
        que si cito a las Ambrosias y no cito a las Genaras,
        las Genaras no me compran ni siquiera un alfiler.

        Y ahora al bulto. Yo pretendo que acudáis  acelerados
        a mi tenda –y os prometo que saldréis entusiasmados,
        alabando mi grandiosa y exquisita exposición,
        y llamándome famoso comerciante de altos vuelos
        y emisor de la alegría para vuestos pequeñuelos
        y hasta loco de remate y enemigo del cajón.

        Del cajón de mi dinero, porque vendo tan barato,
        que a mis pobres intereses poco a poco desbarato
        y hasta a veces los regalo, pues de todo soy capaz.
        Por ejemplo: lo que cuesta tres pesetas y perrona
        en Madrid, en Villadiangos, en Toral o en Barcelona,
        yo lo doy por siete reales, es decir, por la mitad.

        Padres, madres! Os saludo reventando de contento
        porque sé que convencidos de que mi establecimiento
        vende como nadie vende, sólo a mí me compraréis
        las pelotas, los caballos, las muñecas y los micos,
        que los Reyes bondadosos dejarán a vuestros chicos
        cuando vengan caballeros en la aurora del dia seis.

        Y vosotros chiquitines que con locos arrebatos
        de placer, en los balcones colocáis vuestos zapatos
        dadme un beso, dos, cuarenta, cuatrocientos, un millón.
        Y a los padres y a los tíos que no suelten ni una perra,
        por melones y roñosos, dadles guerra, mucha guerra!
        ya veréis como escamados aprovechan la lección.